OPINIÓN / El catetismo encorbatado

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No sé si España será un país de valientes. Lo que sí sé es que es un país lleno de periodistas de derechas que son unos verdaderos catetos. Y es que el catetismo no se cura sacándote una carrera universitaria. La frase del tweet del siniestro Alfonso Merlos que podéis ver sobre estas líneas me parece muy significativa a la hora de retratar a la rancia derecha española y sus limitaciones. Comparaciones tan estúpidas y rebuscadas como la del tweet  en cuestión o argumentos tan deficientes y débiles como los  que repiten como loros para intentar desprestigiar a la izquierda dejan en evidencia a la derecha ante cualquier persona con un mínimo de sentido común, pero también logran calar en muchas otras.

Supongo que ya sabréis a qué estupideces me refiero: a la utilización compulsiva del comodín del “¡eso es demagogia!” (hola, Marhuenda), Cuba, Venezuela y Paracuellos cada vez que te quedas sin argumentos. A confundir a la opinión pública intentando vender la falacia de que una persona, por el hecho de ser de izquierdas, no tiene derecho a caer en la más mínima contradicción. A utilizar casos absurdos e infantiles como ejemplos de esas supuestas contradicciones: una persona de izquierdas, para ser consecuente, debe ser una especie de ermitaño. A creer que sólo nos podemos movilizar por egoísmo: ¿Ada Colau vive de alquiler? Entonces no tiene derecho a solidarizarse con los afectados por las hipotecas. ¿Un chaval del sindicato de estudiantes ya no es estudiante? Pues no tiene derecho a mojarse por los que todavía están estudiando. A mofarse de las políticas de izquierdas imaginando un hipotético y caótico contexto bolchevique para asustar y condicionar a la ciudadanía, cuando no es necesario imaginar nada, puesto que basta con salir a la calle (o hablar vía Skype con alguien que tuvo que irse) y observar el contexto real actual (capitalista, por cierto) para echarse a llorar. A criticar a los sindicatos mayoritarios recurriendo a la estupidez de las mariscadas y el jamón cuando seguramente haya argumentos mucho más sólidos a la hora de explicar sus contradictorias traiciones a la clase trabajadora; a insinuar que las mujeres que están a favor de su libertad sexual consideran que el aborto es un placentero capricho. A que pensar más allá del protocolo de la derecha sea sinónimo de apología del terrorismo o colaboración con banda armada mientras que exhibir parafernalia franquista y nazi es considerado una chiquillada sin importancia, pese a que los chiquillos de NNGG en cuestión ya tienen canas en los testículos. A que un estudiante de la pública que es explotado en un trabajo de verano para poder pagar su matrícula universitaria de 2000 euros en realidad deba darle las gracias a esperpentos como este por poder seguir estudiando. En definitiva, podría estar horas poniendo ejemplos reales y estúpidos de este estilo. Pero vuelvo a centrarme en el tweet de Merlos y me tomaré la libertad de explicar por qué considero que su comparación es insostenible y ridícula:

1) El terrorista ya está estigmatizado y señalado. Comete asesinatos y se le juzga por ello. Luego se podrá debatir si su condena ha sido justa, dura o blanda. Pero hasta donde yo sé, al terrorista se le juzga (en ese sentido sería interesante que muchos de los supuestos demócratas que estos días se han dedicado a ladrar leyeran este artículo). Por lo tanto, el terrorista no tiene impunidad. Y durante toda su vida tendrá que vivir con el estigma de ser un terrorista (y se debe atener a ello, ya que es algo que ya sabía que ocurriría cuando eligió emprender ese camino). Incluso hay personas que no son terroristas, no tienen ningún delito de sangre y aún así siempre lo serán para los ojos de millones de españoles que se creen (a veces por convicción, pero muchas otras por una mezcla de inercia e ignorancia) las mentiras de personas como Merlos. Mentiras amparadas en baremos cuyo listón está cada vez más bajo a la hora de tachar a una persona de cómplice del terrorismo.

2) El político, pese a que tiene que convivir con el hecho de que gran parte de la sociedad lo considera un sinvergüenza y un mentiroso, a diferencia del terrorista goza de una impunidad insultante y de mal gusto. Si, también está estigmatizado, pero ese estigma es light y llevadero. Los hay que, incluso después de haber robado, engañado y ordenado asesinatos amparados en el terrorismo de Estado, son considerados héroes con dos cojones bien puestos. Y sí, el político de vez en cuando tiene que aguantar algún que otro insulto o humillación…¡en Twitter!. Poca cosa para todo el sufrimiento que causa, me temo. Por lo tanto, intentar otorgarle un matiz criminal a un escrache pacífico que simplemente se limita a señalar es una tomadura de pelo.

3) Aunque le fastidie a Merlos y a la AVT, las fatídicas decisiones de un político condicionan la vida de millones de españoles, mientras que los criticables atentados de ETA (¿quién puede apoyar indefendibles chapuzas y carnicerías como las de Hipercor o Vallecas?), pese a que son muy útiles para que los partidos que viven del miedo obtengan réditos políticos, no interfieren en el día a día de la inmensa mayoría de los españoles. Suena frío, ya lo sé, pero no es casual; lo hago para retratar una vez más la hipocresía y el doble rasero de la derecha, que a su antojo utiliza el ya mencionado argumento de que las únicas movilizaciones válidas son las que se rigen por el egoísmo (es decir, movilizarnos únicamente por lo que nos afecta). En otras palabras y poniéndome en su asqueroso pellejo y analizando esto desde su perspectiva individualista: si para ellos únicamente los desahuciados tienen derecho a movilizarse en contra de las hipotecas abusivas…¿por qué los españoles cuyas vidas no se han visto afectadas por ETA deberían escrachar a un etarra?

4) Por último, no hay que dejar pasar la licencia periodística (sí, es un eufemismo, lo que quiero decir realmente es que miente descaradamente) que se ha permitido el lujo de utilizar al decir que los escraches han sido dirigidos a los hijos de los políticos.

Aunque, pensándolo bien, tampoco es tan grave que Merlos mienta. Al fin y al cabo es de derechas y no tiene complejos. Y según indica esa casposa ley no escrita pero que tan arraigada está en nuestra sociedad, el facha sin complejos puede decir cualquier burrada sin que tenga que pedir perdón por ello. Es lo que tiene la inercia de la impunidad…

JOAQUÍN STRUMMER

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